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viernes, 30 de octubre de 2015

EL APEGO EMOCIONAL, SU CONSECUENCIA EN LA PAREJA Y EL GÉNERO MÁS AFECTADO: EL GÉNERO FEMENINO.

Todo ser humano necesita amar y sentirse amado, sin embargo, cuando se convierte en un vínculo incondicional y sin límites, entonces se llega a una patología denominada dependencia afectiva. Una cosa es amar libremente y otra que el amor nos prive de libertad. Lo primero da espacios de acción libres, sin restricción ni maltrato, lo segundo propicia una relación patológica que genera violencia y estrés emocional.
La forma en que se manifiesta estas actitudes tiene diferentes características, dependiendo del individuo y sus condiciones particulares. En general se traduce en:
Compañía excluyente o aislamiento: Se torna en una relación absorbente donde no hay lugar para nadie más. Se tiende a romper con vínculos externos o alguno de la pareja, impide que el otro se vincule con personas fuera de su relación.
Miedo irracional a la pérdida: hace que las personas generen conductas como celos enfermizos que hacen que la persona no desee que nadie se acerque al objeto de su amor o que el individuo se relacione de manera normal con otras personas, eso incluye a su propia familia.
Anulación recíproca: Paulatinamente esta situación lleva a una vinculación asfixiante, donde terminan anulándose y desvinculándose de sus respectivos núcleos afectivos (amigos, familia, colegas, por poner algunos ejemplos).
“Codependencia. En muchas parejas, especialmente cuando el apego patológico lo viven los dos, se tornan co-dependientes uno del otro, al grado que pierden la capacidad de interactuar con normalidad con otras personas”. ( Beattie, M. Libérate de la codependencia. Málaga; 1992)
El apego lleva a las personas a depender emocionalmente de otro, eso implica que en muchos casos se cae en estados de tristeza, pesadumbre e incluso depresión si no se obtiene la aprobación de la persona hacia la cual se dirigen los afectos. Además, cuando se da esta situación los cambios emocionales se ubican en el contexto de la conducta o estado anímico del otro. Si está feliz, también lo está el co-dependiente, si no está de humor, la otra persona, tiende a seguir en esa mismo patrón. “Pierde la capacidad de reacción por sí misma, generando esclavitud afectiva”. (Bleichmar, Hugo, presentación hecha en la reunión de la Sociedad Forum de psicoterapia psicoanalítica, Madrid, noviembre 2006)
Las personas co-dependientes pierden la noción del daño, y aun, cuando en algún momento logran captar la real dimensión de éste, no pueden abandonar dicha situación.
Los afectos patológicos que experimentan, hacen que los individuos pierdan valoración propia y fundan por completo sus personalidades en las del otro. En el caso de parejas, esta relación adictiva, termina siendo foco de violencia y dependencia.
Como ejemplo claro, propongo “La mujer rota” (Simone de Beauvoir, 1968), se compone de tres cuentos cortos (La edad de la discreción, Monólogo y La mujer rota). Todos ellos describen la historia de mujeres estancadas por algunas circunstancias de la vida, demuestran el problema psicosocial de las dependencias económicas y emocionales y la dimensión de su entrega total. A pesar de ser un texto escrito hace más de 40 años, a mi parecer, representa muy bien la realidad actual, cuan poco hemos avanzado en esta materia, y cómo se sigue reprimiendo socialmente y en todas las formas posibles al género femenino.
Porque, hablando claramente, el género más afectado con esta y otras patologías similares es el femenino, por el papel socialmente aceptado que ha tenido desde siempre, y en lo difícil que es ser independiente, gobernar(se) y abrirse paso en un mundo de hombres.

“Las mujeres aceptan el papel de persona sumisa para evitar el esfuerzo que supone tomar a su cargo una existencia auténtica”                                                                 -Simone de Beauvoir
Finalmente, me gustaría señalar que es evidente que las mujeres hemos avanzado mucho en nuestro camino hacia la igualdad, nos hemos incorporado al mercado laboral, hacemos un uso más libre de nuestro cuerpo, de nuestra sexualidad, pero la realidad es que aún seguimos teniendo una asignatura pendiente como sociedad que tiene que ver con ese vínculo insano que establecemos con nuestra pareja y que llamamos dependencia emocional.


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